Septiembre, 2026
Desde hace días los bolivianos estamos viendo una telenovela de pésima calidad, pero que con el toque de sadismo que tiene, genera buen rating y atrae a multitudes. Medios de comunicación, periodistas, tiktokers, influencers, todo el mundo hace y dice lo que quiere, en la mayoría de los casos, de la manera más irresponsable y menos objetiva. Es el caso Cerimedo.
Hablar de ese personaje en todas sus aristas nos llevaría varias páginas y mucho texto para analizar todo lo que se ha dicho y se seguirá diciendo de él. Hoy me centraría solo en el tema referido a la supuesta granja de bots que habría manejado Cerimedo.
De entrada, no descarto que este sujeto haya administrado evidentemente lo que se llama granja de cuentas falsas o bots. Algo ha tenido que hacer para darse a conocer en varios círculos políticos de alto nivel en países vecinos, incluso en EEUU.
Se afirma que Cerimedo utilizó su sistema de bots para manipular a las masas via redes sociales no solo en Bolivia, sino también en otros países, logrando ganar las elecciones.
Pero, ¿alguien me puede decir con absoluta certeza que esto es un delito?, Pues NO. Si así fuera, Trump, Putin y todos los gobernantes de este planeta estarían entre rejas. Partidos políticos de izquierda, de derecha, del centro o de los extremos usan cada vez con más frecuencia estas opciones tecnológicas ya sea para ganar elecciones, o para realzar gestiones de gobierno o para defenestrarlas. Y en Bolivia este fenómeno se da también en círculos políticos más pequeños como gobernaciones, algunas alcaldías, incluso universidades (véase la UMSA o la UMSS sin ir muy lejos).
Que eso no debería ser, que ética y moralmente es deleznable y etc, es motivo de otro tema y es hoy en dia, un problema sin solución en gran parte del mundo. En Bolivia ni hablar.
Pero vayamos precisando el caso boliviano. Durante y antes del inicio del bloqueo nacional de caminos que duró 53 días, desde el 1 de mayo hasta el 23 de junio recién pasado, hubo una avasalladora e impactante campaña dura, sediciosa y beligerante contra Rodrigo Paz en todas las redes sociales anunciando su caída, azuzando a la gente a sumarse a la desestabilización y exacerbando los ánimos con falsos relatos e hiper desinformación, con el objetivo de derrocar al gobierno. Recuerdo que abría el Facebook y lo único que veía eran interminables publicaciones, reels, videos y memes que gritaban el clarísimo mensaje de que se venía el golpe de Estado.
Mientras tanto, del lado gubernamental no había respuesta. Al menos, frente a esa abrumadora campaña en redes sociales de parte de los golpistas, el gobierno parecía una partícula de polvo en la mesa. La de los sediciosos, esa sí era una granja de bots, estoy seguro de que costó una millonada de dinero. ¿Quién pagó? Fácil deducir: el narcotráfico.
Hoy han vuelto a activar el mismo sistema. Bots que anuncian día y noche que en octubre se viene el fin del mundo en Bolivia. Pero de eso nadie habla, la campaña es contra el gobierno, no contra los golpistas.
Desde que comenzó esta gestión de gobierno, siempre llegaba a la misma conclusión: la estrategia comunicacional de este régimen, es la peor de la historia republicana de este país. Lo que no sabía era que, el que estaba a la cabeza de la comunicación gubernamental era Cerimedo, supuestamente.
El presidente se tendría que arrepentir por haber contratado a un chambón en temas de comunicación institucional y asesoramiento, pero de ninguna manera por utilizar tecnología para el manejo comunicacional (aunque el sistema empleado por Cerimedo es débil, insuficiente y pobre, como se ve en los hechos).
Hoy Rodrigo Paz pierde otra vez la batalla mediática frente a la gigantesca red de bots que utilizan los golpistas en las redes sociales, con un plan maquiavélico urdido desde lo más recóndito de los resabios del socialismo del siglo XXI ligado al narcotráfico internacional. La pregunta es ¿Podrán esta vez triunfar los enemigos de la democracia? O será que otra vez el pueblo boliviano les declare su indiferencia y peor aún, su repudio frente a la nueva intentona golpista.
Carlos Millares
